Un sábado cualquiera
BALONCESTO

Un sábado cualquiera

Hacía tiempo que no me dedicaba a pensar estas líneas que plasmo a continuación; y es que quizás nada de lo que ha pasado estas últimas semanas me parecía tan importante. Llevamos más de un mes con el día de mañana marcado en rojo en el calendario. Nuestra particular final se juega mañana a las 20.30 en el territorio hostil del barrio de Zurbaranbarri, lejos del calor de nuestro polideportivo.

Llegamos henchidos de confianza después de la actuación coral que supuso el partido contra Otxarkoaga, en el que, si bien estadísticamente destacaron los 19 puntos de nuestro “King #23” particular, todos y cada uno de nuestros jugadores aportaron empeño, decisión y creatividad para vencer al rival y remontar un average que se antojaba insalvable. Era justo el partido que llevábamos buscando toda la temporada, y era justo lo que necesitamos para llegar a la FINAL en nuestro mejor momento.

Durante los entrenamientos de esta semana he visto esa chispa que le corre por la espalda a un jugador antes de un partido tan importante, la misma que yo sentía no tanto tiempo atrás. También he oído comentarios sobre las ganas de que llegue el sábado y me han llegado notificaciones de ¡Cuenta Conmigo!, de jugadores tocados que harán un sobreesfuerzo por el equipo.

23 jornadas pasaron y 3 se avecinan…26 partidos que se resumen en uno; 26 noches de alegrías o tristezas que llegan a su cenit en 24 horas. 33 semanas de entrenamientos desde la pretemporada, 99 sesiones de entrenamiento, 200 horas dedicadas a ese juego que nació hace más de 120 años. Todo, termina mañana. Caballeros, este no es un sábado cualquiera.
***
''No sé qué decir en realidad.
Un día, para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales.
Todo se reduce a hoy.
O, nos curamos, como equipo, o nos desmoronamos.
Ahora estamos en el infierno caballeros.
Creedme, y, o nos quedamos aquí, dejándonos machacar,
o luchamos por volver a la luz.
Podemos salir del infierno.
Jugada a jugada.
Yo no puedo hacerlo por vosotros, soy muy viejo.
Miro alrededor y veo esas jóvenes caras y pienso… Pienso…
Os diré una cosa: en cada lucha, aquel que va a muerte, es el que gana terreno. Y sé que, si queda vida en mí, es porque aun quiero luchar, y morir por esa canasta. Porque vivir, consiste en eso. El destino frente a vuestras caras.
Yo no puedo convenceros de que lo hagáis.
Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado,
¡MIRADLE A LOS OJOS!
Creo que vais a ver a un tío dispuesto a ganar con vosotros, ¡Sí!, vais a ver a un tío que se sacrificará por este equipo. Porque sabe que cuando llegue la ocasión: Vosotros… ¡HARÉIS LO MISMO POR ÉL!.
Eso es un equipo, caballeros;
Y… o nos curamos... AHORA como equipo.
O moriremos como individuos.
Esto es el baloncesto, chicos.
Esto es todo lo que es.
Ahora, ¿qué vais a hacer?''

(Adaptación del discurso de Al Pacino en “Un domingo cualquiera” de Oliver Stone, 1999)